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Ecos de silencio...

Hasta hoy me he cansado de ahogarme en su recuerdo, de amarrarme a este dolor y su maldito engaño. Enero fue la gota que derramo el vaso. Cuando lo era todo, cuando solo vivía por ese mirar, por aquella dulce sonrisa… por el brillo estelar de sus ojos. Y pensar que cada que brillaban me mentía. Dolor tras dolor… a veces pienso que ni aquella felicidad momentánea podría descubrir  o si quiera sentir.  Pero que mas da… si ya pronto todo acabara.

En mi tenue oscuridad, apareció alguien que me da vida, que me hace vivir y sonreír de la mejor manera. Mi fin de año… un encuentro sorpresivo, una excitación encantadora. No era nuevo, pero si la primera vez que me sentía bien… que disfrute estar a su lado sin importar lo que pudiese pasar después. La primera vez… que no me acosaban las preguntas y solo disfrutaba. El disfrutar de su compañía, de su audaz silencio. Estar con quien no dice nada, mientras que uno simplemente se la pasa hablando… quizás parezca que hablas solo, pero no, esto era diferente. No fue el típico encuentro. Y sin duda ella no tiene nada de típico. Fue como encontrar a la persona que jamás pensaste encontrar, no tu ideal, pero si con quien tienes la libertad de ser tal cual eres, de disfrutar sin que te pongan un alto, sacarte una sonrisa constantemente y que sin darte cuenta tengan tanto en común.  Ella es así, silenciosa mas no pasajera, ni tan rara, ni tan típica, bella, única e inigualable.

Me rodean ecos de un dolor ya pasajero, de su misterioso silencio, de un nuevo sentir, quizás amar…un quizás por sus tantos “no sé”. Y a decir verdad me encuentro en un abismo, uno en donde no tengo respuestas. Tratando de evadir las miles de preguntas que pudiesen surgir, de mi, de ella, de todos. Aunque esta vez, esos todos no me importan. No quiero solo vivir el momento, quiero ver hasta dónde puede llegar a ser eterno el sentimiento. Pues el cuerpo del hombre jamás será eterno, pero si aquello que lleva dentro, su alma, su sentir. Quiero que llegue el eco de mi nombre ante sus oídos, como un susurro, como una simple señal del cuanto le necesito. De qué forma ahora una parte importante en mi vida. Que ya tiene algo de mí, y quisiera formar parte de su vida como ella lo es de la mía. Hacer imaginable cada momento y tan solo en cada noche poder estar entre sus brazos. No pretendo alejarme y pido no me aleje de su vida, pues así como la estrella es fugaz y al término de su viaje se consume, para mí su adiós llegaría a ser mi final.

Un secreto, un amor, un descubrimiento y la más dulce prohibición.

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