Alguna vez le conté sobre lo irresistible que era la mueca de sus labios, quizás en aquellos días de auxilio; NO, yo sé que NO. El choque entre nosotros comenzó con una mirada, NO; otra vez NO, en realidad fue una palabra, -castigo-, una palabra en acciones. La dramatización perfecta. En su inicio he de admitir, fue la comedía perfecta; ligera motivación estudiantil. Lleva el nombre de mi amor de verano, sí, ese que ha quedado perpetuo entre mis versos -los más cursis-, era agobiante, casi como usted, pero NO, jamás es igual. Procuré no seguir el juego, pero su coquetería era embriagante, podría dominar a cualquiera y yo solía someterme a su encanto. Hasta que el juego comenzó a desviarse y convertirse en letras románticas -absurdas-, error fatal. Un día fue usted, el otro yo, ¡oh! nos ignoramos tan bonito. NO sé cuándo comenzó todo, pero sé el final. Tuve sus mejores días, ¡oh! si, una mirada o dos, tres y se mordía los labios. Alguno tenía que iniciar, su especialid...