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El amor en la mente

Cómo te explico que tu ausencia marca mi piel. Te confieso que al solo leer
tu apellido me reencuentro con tus instantes, sonrío como si no hubiese un mañana
(y al escribirlo la nostalgia me atrapa), sí, aún me derrito (siempre un poco más).
Espero el inicio de la semana con ansias de encontrarte, así fue, en ese inicio de
palabras mi mundo se tornó rojo, seguro era culpa del abrumante calor que
nos ha recorrido estos últimos días, nada tuvo que ver su sonrisa y esa mirada
suya que rompe las barreras de seguridad. El año se acaba y usted confiesa en un abrazo,
mil e-mail’s y docenas de palabras lo absurdo que es tenerme
como el café de los martes; a mí sin embargo me causa un suspiro.


Mi frase de la semana “lenguaje sin palabras”, nuestro momento más bobo y lindo,
momentáneo e inquietante, ridículamente hermoso; hemos tan solo llegado al grado de
comunicarnos sin decir palabras, a señas, me refiero. Es tan real que no se puede tocar.
Escuchar, es una de mis cualidades y bueno dicen que los polos opuestos se atraen
(sonrío de solo pensarlo). Sugirió jugar al ahorcado, dónde mi final sería pausado, estrujando de a poco,
elevando a la sangre hasta brotar en éxtasis; me vi forzada a detenerle, aún en el placer.
Usted tan solo me dejo una inquietante (por no decir coqueta) sonrisa. Puede llamarle a esto mis memorias.
Aún en el secreto de tu identidad el pasaje de tus recuerdos, tu alocada infancia en el sello
de mis labios, forman parte un rompecabezas; hasta en el jugueteo de tus versos
llenos de superioridad me doblegas, en la mira constante que desnuda
y esa sonrisa que contagia. Sí, me derrite!

CONTINUARA…

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