Cómo te explico que tu ausencia marca mi piel. Te confieso que al solo leer tu apellido me reencuentro con tus instantes, sonrío como si no hubiese un mañana (y al escribirlo la nostalgia me atrapa), sí, aún me derrito (siempre un poco más). Espero el inicio de la semana con ansias de encontrarte, así fue, en ese inicio de palabras mi mundo se tornó rojo, seguro era culpa del abrumante calor que nos ha recorrido estos últimos días, nada tuvo que ver su sonrisa y esa mirada suya que rompe las barreras de seguridad. El año se acaba y usted confiesa en un abrazo, mil e-mail’s y docenas de palabras lo absurdo que es tenerme como el café de los martes; a mí sin embargo me causa un suspiro. Mi frase de la semana “lenguaje sin palabras”, nuestro momento más bobo y lindo, momentáneo e inquietante, ridículamente hermoso; hemos tan solo llegado al grado de comunicarnos sin decir palabras, a señas, me refiero. Es tan real que no se puede tocar. Escuchar, es una de mis cuali...
"Descubriendo el placer de la felicidad"