Ir al contenido principal

“Cosas que siempre quise contarte”


Antes que todo, dime, ¿me has olvidado? Tomare esa divagante risa como un no. Es un gusto escucharte, hay tanto que quiero decirte. Pero mejor dime que te ha hecho hablarme; es absurdo preguntar cómo has conseguido mi número ya que seguro esta en internet “jaja”.

-(hablo)

Oye gracias por preocuparte, no estaba enterada de que aún me vigilabas. Entonces después de todo me extrañas, lo cual contesta mi pregunta, no me has olvidado. Genial y brutalmente absurdo.

-(hablo)

Sí, supongo que sé que lo sabes. No preguntare más. Mejor dime, que quieres saber?

-(hablo)

Pues trabajo y estudio, si aún estudio no voy tan bien…pero ha sido un año difícil. En cuanto al trabajo, me va bien, hay días en lo que no hago nada, otros que no paro. Ya sabes lo normal.

-(hablo)

Jah no me preguntes eso, ambas sabemos el daño que nos haría el volver…

-(hablo)

No insistas confórmate con escuchar mi voz. Como a mi alguna vez me toco. Mentiría si dijera te olvide, o si en algún año no te extrañe, o que día a día fui feliz sin ti.

-(hablo)

Jaja en verdad quieres saber de mi vida, de que ha sido de mí, si alguna vez desee escuchar esto solo que ahora es muy tarde.

-(sollozando hablo)

No llores, vamos eres mejor eso.

-(sollozando hablo)

No, eso jamás pasara, no estaremos ni una, ni un día, ni mucho menos una vida, es tarde.

-(hablo)

Pero para que quiere verme, y en ese lugar otra vez…aún existe?

-(hablo)

Vez ni tu estas segura, si es como nuestro lugar. Querías escucharme verdad, pues ya me dieron ganas de hablar. Pero sin llorar he! Te cuento que estoy enamorada, es una niña muy, muy especial; quizás algunos piensen que no es la niña más guapa del mundo, pero para mí es perfecta, aunque muchas veces me saque de quicio. "jaja" la conocí por face, y curiosamente al tercer día que hablamos nos conocimos, un diciembre. Yo apenas me "recuperaba" de mi relación anterior, algo catastrófico, pero en fin.

-(hablo)

A como se te da interrumpirme a ti verdad, porque no se te quita esa mañita. (se ríe) no te rías, si bien qué sabes mendiga, si fue dolorosa, me fue infiel, y si eras muy presente en mí en esos tiempos, yo seguía esperando esto, este contacto. Sabes yo te hubiese dado todo, sin pensarlo, así con la venda en los ojos. Pero tuviste que arruinarlo todo, porque, si tú fuiste…tú quien me dejo, quien destrozo esa pureza, me dejo con mil dudas, quien arruino mi juventud e hizo pedazos mi corazón. Y si lloro porque es doloroso que ahora vengas, ahora que es tarde a pedir perdón…

-(hablo llorando)

Créeme lo sentí más yo, y aun así me da gusto pues si yo no hubiese padecido ese sufrimiento, aunque tu más que nadie sabe qué mil veces desee la muerte, me salvaste y gracias pues pese a ese sufrimiento hoy soy feliz, hoy tengo al amor de mi vida. Y volvería a cruzar ese mar de llanto por encontrarla, porque este extrañó destino nos uniera. Creo que pasado de todo, hasta en una realidad alterna perdí a un hijo. Porque me haces llorar tan noche he, no dices que me quieres, que te hago falta, que me amas, te amé y lo siento estoy cansada, no puedo seguir. Ya sabes dónde encontrarme…adiós

-Perdón y bien dicen cuando se llora como tú lo has hecho y como yo ahora y antes de dejarte, en el trascurso de estos años, es porque es amor. En verdad, lo siento tanto. Eres mi ángel, esa luz...Te he amado desde que te encontré...

---------(fin de la llamada) 






Comentarios

Entradas más populares de este blog

Mis días en la librería Morisaki, de Satoshi Yagisawa

Reseña: Mis días en la librería Morisaki, una carta de amor a los libros, los silencios y las segundas oportunidades Hay novelas que no necesitan ser complejas para ser profundas. Mis días en la librería Morisaki de Satoshi Yagisawa es una de esas pequeñas joyas que, en su aparente simplicidad, logra conmover con fuerza. Es una historia cálida y breve, pero repleta de pausas que invitan a respirar y de emociones que se quedan contigo mucho después de cerrar el libro. 📚 Los libros como refugio Desde el inicio, la protagonista se ve envuelta en una crisis personal. Ha perdido su empleo, su relación ha terminado, y se encuentra sin rumbo. Es entonces cuando su tío le ofrece vivir en el piso sobre su vieja librería, un lugar polvoriento, lleno de libros olvidados… pero también lleno de historias esperando ser leídas. Ahí, en el silencio de los estantes y el olor a papel viejo, comienza a reconstruirse. El libro sugiere que a veces no neces...

Amor de mis amores!

Esos ojos suyos en los que alguna vez me perdí, aún tienen el brillo de ternura cuando algo le emociona; tan bonito es recordar a través de ellos. Hablar con usted es como si el tiempo no pasará, aunque nos sumerge en historias a lo largo de los años, viejos amores, uniones fortalecidas, felicidades de una vida juntos pero separados. Su sonrisa de memorias infinitas, risas que nunca pude besar, labios que a ratos solía callar en el suspiro de una canción; memorias de espacios invisibles o creaciones infinitas. Usted siempre tan original e inquebrantable, robando el encanto, enlazando palabras, innovando al mundo en cada uno de sus pasos; usted que hace el tiempo inexistente y la vida una sonrisa.

The Silent Patient, de Alex Michaelides

Reseña: La paciente silenciosa Una danza entre el silencio, el trauma y la mente rota. Un thriller que susurra verdades hasta que grita. Hay libros que no solo se leen: se habitan. La paciente silenciosa , de Alex Michaelides, es uno de esos thrillers psicológicos que parecen moverse en voz baja… hasta que explotan. No necesita sangre a raudales ni persecuciones frenéticas. Le basta el peso de un silencio bien colocado, una mente fracturada y un misterio que se revela capa por capa, casi como si respirara. El crimen y el silencio Alicia Berenson es una reconocida pintora que, de un día para otro, comete un crimen impensable: asesina a su esposo y, tras hacerlo, deja de hablar. Ni una palabra. Su silencio no es solo desconcertante, es casi artístico. Un mensaje contenido, poderoso, incluso más impactante que una confesión. “El silencio puede ser ensordecedor.” — Alex Michaelides El peso de esa ausencia de palabras es lo que construye la atmósfera del libro. No se tra...