No tengo nada que perdonarte y aún a pesar de haber permitido tanto abuso de tu parte, aún me muero de ganas por besar esos labios, de ver “suites” y recordar nuestros encuentros en aquel hospital… esas ganas de siempre tenernos. Siempre serás mi esposa, mi familia, la mujer con la que compartí una vida y aquella cachorrita de nombre Sofía. Siempre tendrás mis brazos y este verdadero amor, pues son tu hogar. Tal vez esté Alzheimer te borre de mí, pero en ese profundo rincón de memoria, aquella mirada enamorada que un día me diste, permanecerá. Te amo morenita mía! Tuya, hasta que el destello de luz se apague….
"Descubriendo el placer de la felicidad"